Meditación

La meditación es un camino de observación y autoconocimiento. Propone el desarrollo del pensamiento positivo y nos invita a descubrir la belleza de la Vida en el momento presente.

Nos reunimos los viernes anunciados de 20:30h a 22:00h. Meditación en silencio y charla-coloquio sobre temas afines.

A continuación se relata una bonita historia para entender sencillamente en qué consiste la meditación:

El Zumo de Manzana

            Hoy ha venido tres niños, dos niñas y un niño pequeño del pueblo, para jugar con Thanh Thuy, -pronunciado "Tahn Tui"-. Los cuatro corrieron hacia la colina que está detrás de nuestra casa; estuvieron fuera casi una hora. Cuando volvieron para pedir algo de beber, cogí la ultima botella de zumo de manzana casero y les di un vaso entero a cada uno, sirviendo a Thanh Thuy el último. Puesto que su zumo era del fondo de la botella tenía algo de pulpa. Cuando ella se dio cuanta de la pulpa, puso mala cara y no quiso bebérselo. Así puyes, los cuatro volvieron a sus juegos en la colina, y Thanh Thuy no bebió nada.

            Media hora más tarde, cuando estaba meditando en mi habitación, oí que me llamaba. Thanh Thuy quería servirse un vaso de agua fría, pero ni tan siquiera de puntillas lograba llegar al grifo. Le recordé que todavía tenía el vaso de zumo sobre la mesa y le pedí que se lo bebiera primero. Fijándose en el vaso vio que la pulpa se había posado en el fondo y el zumo tenía un aspecto claro y delicioso. Se dirigió a la mesa y cogió el vaso con las dos manos. Después de haberse bebido casi medio vaso lo dejó en la mesa y preguntó: "Tío monje, -una expresión habitual en los niños vietnamitas cuando se dirigen a un monje mayor- ¿es éste otro vaso? "No", le respondí. "Es el mismo de antes. ha reposado un rato, tranquilamente, y ahora lo ves claro y delicioso". Thanh Thuy miró de nuevo el vaso. "De verdad que está muy bueno. ¿Es que ha meditado como tú, tío monje?". Me reí y le acaricié la cabeza. "Digamos que cuando me sintió a meditar estoy imitando al zumo de manzano. Esto es algo que se acerca mucho a la verdad"

Cuando Thanh Thuy se va a dormir cada noche, me siento a meditar. La dejo que duerma en la misma habitación, cerca de donde medito. Hemos acordado que mientras estoy sentado meditando, ella se acostará sin hablar. En esta atmósfera apacible el descanso le llega con facilidad, y normalmente se duerme en diez o quince minutos. Cuando acabo de meditar, la cubro con una manta.

            Cada noche Thanh Thuy me ve y me observa. Le conté que me "siento a meditar" sin explicarle qué significa o por qué lo hago. Cada noche cuando me ve lavarme la cara, ponerme el hábito y encender una barrita de incienso para llenar la habitación de fragancia, sabe que pronto empezaré a "meditar". Ella también sabe que es la hora de cepillarse los dientes, ponerse el pijama e irse silenciosamente a la cama. Nunca se lo tengo que recordar.
            Sin ningún género de dudas Thanh Thuy creyó que el zumo de manzana descansando por un rato sobre la mesa, lo hacía así para volverse más claro, igual que su tío monje. "¿Estaba meditando como tú?", pienso que Thanh Thuy, que aún no ha cumplido cuatro años y medio, comprende el significado de la meditación sin ninguna explicación. El zumo de manzana se volvió claro después de descansar un rato. De igual forma, si descansamos un poco en la meditación, nosotros también nos volvemos más claros. Esta claridad nos renueva y nos da fuerza y serenidad. Al sentirnos rehabilitados, nuestro entorno también se renueva. A los niños les gusta estar cerca de nosotros, no sólo para conseguir caramelos y escuchar cuentos. Les gusta estar cerca de nosotros porque les agrada sentir este "frescor".

            Esta noche ha venido un invitado. Lleno un vaso con lo que quedaba del zumo de manzana y lo pongo en la mesa en medio de la habitación que utilizo para meditar. Thanh Thuy ya duerme profundamente e invito a mi amigo a sentarse con tranquilidad, igual que el zumo de manzana.

 

Un río de Percepciones

            Transcurren unos cuarenta minutos. Me doy cuanta de que mi amigo sonreía al mirar el zumo. Se ha vuelto muy claro. ¿Y tú, mi amigo, lo estás? Aunque no te hayas posado tan completamente como el zumo de manzana ¿no te sientes un poco menos agitado, menos inquieto, menos preocupado? La sonrisa de tus labios todavía no se ha desvanecido, pero pienso que dudas sobre tu posibilidad de se tan claro como el zumo de manzana, aunque permanezcas sentado muchas horas,.
            El vaso de zumo tiene una base muy estable. Pero tú, tu meditación no es tan estable. Esos pequeños trocitos de pulpa sólo tiene que seguir las leyes de la naturaleza para caer delicadamente hacia el fondo del vaso. Pero tus pensamientos no siguen esta ley. Más bien al contrario, revolotean inquietamente, como en un enjambre de abejas, y por eso piensas que no pueden descansar como el zumo de manzana.
            Me dices que las personas seres vivos con la capacidad de pensar y sentir, no pueden ser comparados a un vaso de zumo. Estoy de acuerdo; pero también sé que podemos hacer lo que hace el vaso de zumo y aún más. Podemos estar en paz, no solamente al meditar, sino también al andar y trabajar.
            Quizá no me creas, porque han transcurrido cuarenta minutos y lo has intentado de verdad pero no has conseguido la paz que esperabas. Thuy está durmiendo profundamente, su respiración es ligera ¿Por qué no encendemos otra vela antes de proseguir con nuestra conversación.
            La pequeña Thuy duerme sin ningún esfuerzo. Conoces aquellas noches en las que el sueño no llega, y cuanto más duramente lo intentas menos lo consigues. Estás tratando de forzarte por estar en paz, y sientes la resistencia en tu interior. Este mismo tipo de resistencia es la que descubren muchas personas en sus primeras experiencias con la meditación. Cuanto mas intentan calmarse más inquietos se sienten. Esta resistencia nace de los mismos esfuerzos por calmarse. El mismo esfuerzo se vuelve opresivo. Nuestros pensamientos y sentimientos fluyen como un río. Si intentamos detener el fluir del río, nos encontraremos con la resistencia del agua. Es mejor fluir con ella, y después quizá consigamos guiarla hacia donde queramos ir. No debemos tratar de detenerla.
            Recuerda que el río debe fluir y que le vamos a seguir. Debemos ser conscientes del nacimiento, duración y desaparición de todos los pensamientos, sensaciones y sentimientos que surjan en nosotros. ¿Lo ves? Ahora la resistencia empieza a desaparecer. El río de las percepciones todavía fluye, pero no en la oscuridad. Esta fluyendo en los rayos del sol de la comprensión. Mantener el sol brillando siempre en nuestro interior, iluminando cada afluente, cada canto rodado, cada vuelta en el río, es la práctica de la meditación. Practicar meditación es, antes que nada, observar y seguir estos detalles.
            En el momento de atención sentimos que tenemos control, aunque el río todavía está ahí, siempre fluyendo. Nos sentimos en paz, pero ésta no es la "paz" del zumo de  manzana. Estar en paz no quiere decir que nuestros pensamientos y sentimientos estén congelados. Estar en paz no es lo mismo que estar anestesiado. Una mente en paz no significa una mente vacía de pensamientos, sensaciones y emociones. Una mente en paz no es una mente ausente. Está claro que sólo los pensamientos y sensaciones no constituyen la totalidad de nuestro ser. La furia, el odio, la vergüenza, la fe, la duda, la impaciencia, el desagrado, el deseo, la tristeza y la angustia también son mente. la esperanza, la inhibición, la intuición, el instinto, la mente inconsciente y subconsciente también son igualmente parte de nuestro ser.

 

"El Sol, Mi Corazón"
Thich Nhat Hanh

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